Continente Viril, Pieza bizarra para cuatro hombres feos

 


 

EN LAS PINGÜINERAS DE LA MUERTE

(Exterior, ruido de viento y de pajarracos)

SARGENTO-Acá fue el último suicidio. Se juntaron en este risco como doscientos o trescientos pingüinos con cría y todo, se fueron poniendo en fila y ahí nomás, ordenaditos por famila se fueron tirando. La mamá, el papá y los polluelos. Algunos quedaron reventados en las rocas, pero no se vaya a creer que por mucho tiempo. No, porque acá loque no se lo traga el hielo o se lo traga algún bicho. Al ratito nomás que se tiraron la costa se llenó de orcas, lobos marinos y petreles muertos de hambre que no dejaron ni una pluma. A nosotros nos costó horrores agarrar algo.

CIENTIFICO- ¿Rescataron algún cadáver?

SARGENTO-Algunos que le dimos a los perros, porque para comerla uno es una carne asquerosa, tiene gusto a jabón. ¿La probó alguna vez?

CIENTIFICO- No.

SARGENTO- La alita no es mala pero el resto... Ahora los huevos se dejan comer...

CIENTIFICO- Volviendo a los suicidios, ¿notó algo raro, algo peculiar en el comportamiento de los pingüinos?

SARGENTO-Si, se mataban...

CIENTIFICO- Digo, algo más...

SARGENTO- No, aparte de eso se los veía muy tranquilos... Como los de esa pingüinera,

¿los ve? (Miran a lo lejos.)

CIENTIFICO- Si...

SARGENTO- Eran del mismo tipo y todo, pingüinos de barbijo.

CIENTIFICO-¿Le molesta si hecho una ojeada?

SARGENTO-Vaya nomás.

CIENTIFICO- (al grabador) Estoy frente a una colonia de Pygoscelis Antarticus, también llamados pingüinos de barbijo. Hace escasos dos meses registrose aquí el último suicidio colectivo. Nada parece indicar evidencia alguna de la automasacre, salvo los nidos vacíos mudos testigos de la catástrofe. Sin embargo solo trescientos metros de distancia una pingüinera acaso gemela increíblemente rebosa de vida. Trescientos metros separan la vida de la muerte.

(A BENITEZ) Una pregunta, Benítez; ¿podemos ir a la pingüinera de al lado?

SARGENTO- ¿La de los pingüinos vivos?

CIENTIFICO-Si.

 SARGENTO-¿Sabe lo que pasa?, que no está en nuestro territorio.

CIENTIFICO- ¿Ah no?

SARGENTO- No, esa pingüinera está en litigio entre Noruega, Inglaterra y no sé que otro país.

CIENTIFICO-¿Usted quiere decir que solamente se suicidaron los del lado argentino?

SARGENTO-Afirmativo. Es más, que yo sepa en ningún otro sector hubo suicidios.

CIENTIFICO- ¿Cómo?

SARGENTO-Si, parece que es un problema de los pingüinos argentinos nomás.

CIENTIFICO- (al público) Estoy anonadado. Lo que está pasando aquí constituye una instancia sin precedentes en los anales de la investigación científica. Tal vez un punto de inflexión. Quizá un vacío. Por alguna incomprensible razón la Madre Naturaleza está acatando las fronteras geográficas marcadas por el hombre.

En este momento en el que la oscuridad invade mi mente, una frase retorna a mi memoria tras asombrosa pirueta sináptica: "La ansiedad es una congoja mental ante una frustración anticipada."

¿La Rochefoucauld? ¿Lichtenberg? ¿Dale Carnegie...? Inútil recordar el autor...

Pero nada como esta frase podría expresar mejor mis actuales sentires.

 

Alejandro Luis Acobino, Continente Viril, Pieza bizarra para cuatro hombres feos

Libro 

 

Un lugar más lejano que el espacio

 


El agua se acumula en pozos. Siempre me ha gustado verla desbordarse. Precipitándose, liberándose, escapando. La energía acumulada al estar inmóvil, estalla...

Mari Tamaki (Kimari), en su segundo año de preparatoria, se da cuenta de que no ha realizado nada importante en su vida y de que ha perdido el impulso, dilapidando cada día su juventud.

Shirase Kobuchizawa, también estudiante de preparatoria, su madre desapareció en una expedición científica en la Antártida. Lleva tiempo ahorrando dinero y preparándose para ir a buscarla.

En el transbordo de una estación de tren, el azar ha hecho que ambas estudiantes enlacen sus vidas con un propósito en común: ir a la Antártida.

Hinata Miyake, atiende la caja de un mini súper, terminó anticipadamente la preparatoria con excelentes calificaciones, se encuentra trabajando y ahorrando para ir a la universidad, decide unirse a la expedición en ciernes.

Ahora las tres estudiantes intentarán ser reclutadas por la nueva expedición civil antártica, organizada por algunos compañeros de la madre de Shirase Kobuchizawa. Se enfrentarán entonces a lo que toda expedición polar padece: conseguir recursos, patrocinadores, tripulación, y no cejar ante el desasosiego y la adversidad, mientras se tiene un entrenamiento severo. En ese contexto, aparece la última recluta.

Yuzuki Shiraishi, estudiante de preparatoria, periodista, actriz, cantante y celebridad, en un principio reticente para viajar a la Antártida, gracias a ella la expedición logra obtener el financiamiento necesario.

Lo que sigue a continuación es un viaje a Ítaca, en donde la persistencia y la solidaridad son elementos comunes para realizar un sueño imposible: viajar a la Antártida.

¿Podrá Shirase Kobuchizawa encontrar a su madre?

PD: Me resulta imposible expresar por escrito la belleza simbólica de Un lugar más lejano que el espacio y de la profunda emoción que me ha provocado.

 

Un lugar más lejano que el espacio (Sora Yorimo Tōi Basho) (Sora Yorimo Tōi Basho), Japón 2018

Dirección: Atsuko Ishizuka

Guión: Jukki Hanada

Estudio: Madhouse

Anime

 


 










Sur

 


Nuestro trineo estaba bastante liviano ahora. Avanzamos hacia el sur. Juana calculaba nuestra posición diariamente. El veintidós de diciembre de 1909, alcanzamos el Polo Sur. El tiempo era, como siempre, muy cruel. Ninguna marca interrumpía la lúgubre blancura. Discutimos dejar algún tipo de marca o monumento, un túmulo de nieve, un poste de tienda y una bandera; pero no parecía haber ninguna razón especial para hacerlo. Cualquier cosa que pudiéramos hacer, cualquier cosa que fuéramos, era insignificante, en ese lugar horrible. Armamos la tienda para refugiarnos durante una hora y hacer una taza de té, y luego alcanzamos el “Campamento 90”. Dolores, paciente como siempre, parada con los arreos del trineo, observó la nieve; estaba tan profundamente congelada que no mostraba ningún rastro de nuestras pisadas, y dijo, “¿Hacia dónde?”

“Al Norte,” dijo Juana.

Era una broma, porque en ese lugar en particular no había otra dirección. Pero no reímos. Nuestros labios estaban agrietados por el congelamiento y dolían demasiado para que pudiéramos reír. Así que emprendimos el regreso, y a nuestra espalda el viento nos empujaba, y embotaba los filos semejantes a cuchillos de las ondas de nieve helada.

Toda esa semana la tormenta de nieve nos persiguió con su viento como una jauría de perros locos. No puedo describirlo. Desee que no hubiéramos ido hasta el Polo. Creo que lo deseo aún ahora. Pero incluso entonces estuve contenta de que no hubiéramos dejado ninguna señal allí, porque algún hombre con el anhelo de ser el primero podría llegar un día, y encontrarla, y así saber lo tonto que había sido, y se le rompería el corazón. 

Ursula K. Le Guin, Sur, Informe Sumario de la Expedición del «Yelcho» a la Antártida, 1909-1910.

 
 
 
Ilustraciones de Lesley Imgart, excepto el mapa dibujado por Ursula K. Le Guin.
 

 


 

 


 


La Nueva Atlántida


 

 Estuvo oscuro durante tanto tiempo, tanto tiempo. Todos estábamos ciegos. Y estaba el frío, un frío inmenso, inmóvil, pesado. No podíamos movernos en absoluto. No nos movimos. No hablamos. Nuestras bocas estaban cerradas, apretadas por el frío y el peso. Nuestros ojos estaban cerrados. Nuestras extremidades estaban inmóviles. Nuestras mentes se mantuvieron quietas. ¿Por cuánto tiempo? No había espacio de tiempo. ¿Cuánto dura la muerte? ¿Y se muere sólo después de vivir, o también antes de la vida? Ciertamente pensábamos, si es que pensábamos algo, que estábamos muertos; pero si alguna vez habíamos estado vivos, lo habíamos olvidado.

 

Hubo un cambio. Debe haber sido la presión lo que cambió primero, aunque no lo sabíamos. Los párpados son sensibles al tacto. Deben haber estado cansados de estar cerrados. Cuando la presión sobre ellos se debilitó un poco, se abrieron. Pero no había forma de que supiéramos eso. Hacía demasiado frío para que sintiéramos nada. No había nada que ver. Todo era negro.

 

Ursula K. Le Guin, La Nueva Atlántida

 

Relato

Relato

 

Stella Maris

 

 

Nos extrañamos en nuestro sueños

 

Tu me sueñas, y yo a ti

no te preocupes, no te despertaré

antes de que lo hagas por tu cuenta

 

Al otro lado del hielo hacia el Polo Norte, ahí te espero

estaré parado sobre Axis1

desde Tierra del Fuego en un duro trabajo de ensueño hasta el polo

todo lo que hay girará a nuestro alrededor

la Estrella del Norte está justo encima de mí

este es el polo en el que te estoy esperando

solo que no puedo verte por ningún lado

estoy en el polo equivocado...

 

 

Einstürzende Neubauten

Ende Neu (Mute Records, 1996)

Stella Maris

Disco2

 


 

 


 


1  Sobre el eje de la Tierra

2  Link que pertenece a http://lagrimapsicodelica5.blogspot.com/