Antarctica in fiction

 


A la lejanía de la Antártida y su polaridad negativa se puede agregar otro factor central para su combinación única de cualidades espaciales: el hielo mismo. Como tierra deprimida bajo el peso de kilómetros de hielo, la Antártida es un continente de secretos enterrados. No es casualidad que muchas historias de terror del lejano sur impliquen un viaje no solo al hielo sino también debajo de él, a través de fisuras, grietas, túneles y hasta cavernas subterráneas. Como observa Nelson, 'incluso cuando imaginamos que hemos penetrado en los confines más lejanos de la Infrapsique/Inframundo, algo yace más allá y debajo, algo hostil y profundamente amenazante para la razón humana'.

(...)

Aunque otros paisajes (arenas del desierto, lodo volcánico, ríos crecidos) cambian y cambian, ningún otro continente exhibe la mutabilidad extrema de la Antártida; no hay mejor lugar para cuentos que exploran la inestabilidad del sujeto. Un marco útil para pensar sobre esta inestabilidad y su expresión en la literatura proviene de la teoría literaria psicoanalítica, específicamente la teoría de la abyección de Julia Kristeva, esbozada en su Powers of Horror (1982).

Lo abyecto perturba la división percibida entre sujeto y objeto y, en consecuencia, señala la inestabilidad del sentido de unidad del sujeto. Es 'el objeto desechado, [que] es radicalmente excluido y me atrae hacia el lugar donde el sentido se derrumba. . .. Es la muerte infectando la vida . .. nos hace señas y termina engulliéndonos... [no] respeta fronteras'. Lo abyecto amenaza y seduce constantemente al sujeto con un retorno al estado semiótico o presimbólico, anterior a la lengua y la cultura. El sujeto es 'atraído hacia un otro lugar tan tentador como condenado'. . . un vórtice de convocatoria y repulsión'. Lo abyecto es, como explica Elizabeth Grosz, 'lo tácito de una posición hablante estable, un abismo en los límites mismos de la identidad del sujeto, un agujero en el que el sujeto puede caer'.

 

Elizabeth Leane, Antarctica in fiction. Imaginative narratives of the far south

 

Libro

Antarctica in fiction

 


Desde su concepción etimológica y geográfica en el pensamiento griego, la Antártida ha sido definida como un lugar de oposición e inversión. A principios del siglo XVIII, al comienzo de los encuentros europeos reales con latitudes más al sur, es posible encontrar usos del adjetivo 'antártico' (con una 'a' minúscula), que significa '[d]irectamente opuesto, contradictorio, antípoda'; el adverbio 'antárticamente', para referirse a quien se comporta '[e]n forma antártica o contraria, en oposición directa'; e incluso el verbo, 'antártico', que significa '[i]r al extremo opuesto' (OED). La Antártida, el continente aún no visto que se aferra al fondo del mundo, se convirtió en esta tradición en una figura de inversión, contrariedad y alteridad.

Antes de la Ilustración, las nociones de oposición antípoda podían ser muy literales, considerando las antípodas la ubicación del 'Otro arquetípico': criaturas monstruosas que caminaban cabeza abajo, o tenían cuerpos de animales, o dos cabezas. En los siglos XVII y XVIII, sin embargo, el continente sur en expansión (aún no eliminado por los viajes de Cook ) se prestaba más frecuentemente a la oposición política o ideológica, convirtiéndose en un sitio privilegiado para los géneros superpuestos de la utopía, la sátira utópica y el viaje fantástico. Las desconocidas regiones del sur proporcionaron un 'no lugar' ideal en el que los escritores podían imaginar nuevos modos de ser que invertían, contradecían, exageraban o satirizaban a los suyos.

  

Elizabeth Leane, Antarctica in fiction. Imaginative narratives of the far south

 

Libro

 

Mapamundi de Mundus alter et idem de Joseph Hall (Vltraiecti (Utrecht): Apud Joannem à Waesberge, 1643). Imagen cortesía de la Colección de Libros Raros, Biblioteca Estatal de Victoria. El artista es Pieter van den Keere.


La tierra baldía

 


 

¿Quién es ese tercero que anda siempre a tu lado?

Cuando cuento, sólo estamos tú y yo juntos

pero veo frente a mí, por el camino blanco,

siempre a otro que camina a tu lado,

deslizándose cubierto por un manto pardo,

embozado, no sé si es hombre o mujer

-¿pero quién es ese que va a tu vera?1

 

Qué es ese sonido que surca el aire

murmullo de lamento maternal

quiénes las hordas embozadas que pululan

por llanuras sin fin, tropezando en las grietas,

cercadas sólo por el horizonte

qué ciudad es ésa tras la montaña que se ve

agrieta, reforma y estalla en el aire violeta

torres que se derrumban

Jerusalén Atenas Alejandría

Viena Londres

irreal

  

T.S. Eliot, La tierra baldía

 

Poema (Traducción de Juan Malpartida y Jordi Doce, edición bilingüe)

 

 

Who is the third who walks always beside you?

When I count, there are only you and I together

But when I look ahead up the white road

There is always another one walking beside you

Gliding wrapt in a brown mantle, hooded

I do not know whether a man or a woman

-But who is that on the other side of you?

 

What is that sound high in the air

Murmur of maternal lamentation

Who are those hooded hordes swarming

Over endless plains, stumbling in cracked earth

Ringed by the flat horizon only

What is the city over the mountains

Cracks and reforms and bursts in the violet air

Falling towers

Jerusalem Athens Alexandria

Vienna London

Unreal

 

T.S. Eliot, The Waste Land

 

Poem

 


1  Los versos siguientes fueron sugeridos por el relato de una de las expediciones al Antártico (he olvidado cuál, pero creo que es una de las de Shackleton): en ella relata que el grupo de exploradores, llegados al extremo de sus fuerzas, tenían la continua impresión de que había entre ellos uno más de los que en rigor podían contar. (N. del A.)

Balada del viejo marinero

 

 

 

El barco es arrastrado por una tormenta hacia el Polo Sur.

 

—Y entonces llegó la ráfaga de la tormenta,

y era poderosa y tiránica:

golpeó con sus alas atrapadoras,

y nos persiguió hacia el sur.

 

«Con mástiles inclinados y proa sumergida,

como quien perseguido con gritos y golpes,

aún pisa la sombra de su enemigo,

y hacia adelante inclina la cabeza,

el barco raudo andaba, fuerte rugía el viento,

y hacia el sur siempre huimos.

 

La tierra del hielo y de los espantosos ruidos, donde no se veía cosa

viviente.

 

»Y juntas llegaron niebla y nieve

e hizo un frío asombroso:

y el hielo, alto como el mástil, llegó flotando,

tan verde como esmeralda.

 

»Y en medio de las corrientes los acantilados nevados

enviaban un resplandor lúgubre:

ni formas de hombres ni de bestias vimos…

 

El hielo nos rodeaba.

 

»Había hielo por aquí, había hielo por allí,

había hielo por todas partes:

crujía y gruñía, y rugía y aullaba,

como los ruidos que oímos en un desmayo.

 

Hasta que una gran ave llamada albatros llegó a través de la niebla y la

nieve y fue recibida con gran júbilo y hospitalidad.

 

»Por fin llegó un albatros:

a través de la niebla vino;

como si fuera un alma cristiana,

en nombre de Dios le saludamos.

 

»Comió la comida que nunca había comido,

y voló dando vueltas y vueltas.

El hielo se quebró con la convulsión del trueno;

por allí, el timonel nos guió.

Y ved que el albatros es un pájaro de buen agüero y sigue al barco, mientras volvía al Norte, entre la niebla y los hielos flotantes.

 

»Y un buen viento del sur se levantó por detrás;

el albatros nos seguía,

y cada día, por comida o diversión,

acudía al saludo del marinero.

 

»Con nieblas o nubes, sobre mástil u obenques,

se posó durante nueve atardeceres;

mientras todas las noches, entre el blanco humo de la niebla,

rielaba la blanca luz de la luna».

 

El anciano marinero, inhospitalariamente, mata al piadoso pájaro de buen agüero.

 

«—¡Dios te salve, anciano marinero,

de los demonios que así te atormentan!

Pero, ¿por qué me miras así? —Con mi ballesta

muerte di al albatros.

 

 

Samuel Taylor Coleridge, Balada del viejo marinero

 

Poema (Traducción de José María Martín Triana)

 

 

 

The ship drawn by a storm toward the South Pole.

 

'And now the Storm-blast came, and he

Was tyrannous and strong:

He struck with his o'ertaking wings,

And chased us south along.

 

With sloping masts and dipping prow,

As who pursued with yell and blow

Still treads the shadow of his foe,

And forward bends his head,

The ship drove fast, loud roar'd the blast,

The southward aye we fled.

 

And now there came both mist and snow,

And it grew wondrous cold:

And ice, mast-high, came floating by,

As green as emerald.

 

The land of ice, and of

fearful sounds, where no

living thing was to be

seen.

 

And through the drifts the snowy clifts

Did send a dismal sheen:

Nor shapes of men nor beasts we ken—

The ice was all between.

 

The ice was here, the ice was there,

The ice was all around:

It crack'd and growl'd, and roar'd and howl'd,

Like noises in a swound!

 

Till a great sea-bird,

called the Albatross,

came through the snow-

fog, and was received

with great joy and

hospitality.

 

At length did cross an Albatross,

Thorough the fog it came;

As if it had been a Christian soul,

We hail'd it in God's name.

 

It ate the food it ne'er had eat,

And round and round it flew.

The ice did split with a thunder-fit;

The helmsman steer'd us through!

 

And lo! the Albatross

proveth a bird of good

omen, and followeth the

ship as it returned

northward through fog

and floating ice.

 

And a good south wind sprung up behind;

The Albatross did follow,

And every day, for food or play,

Came to the mariners' hollo!

 

In mist or cloud, on mast or shroud,

It perch'd for vespers nine;

Whiles all the night, through fog-smoke white,

Glimmer'd the white moonshine.'

 

The ancient Mariner

inhospitably killeth the

pious bird of good omen.

 

'God save thee, ancient Mariner!

From the fiends, that plague thee thus!—

Why look'st thou so?'—'With my crossbow

I shot the Albatross.

 

Samuel Taylor Coleridge, The Rime of the Ancient Mariner

 

Poem

 

Misión Antártica

 


Lefranc: Misión Antártica

Historieta

Dibujos y guión de Jacques Martin, Christophe Alvès y François Coteggiani

Traducción por José Miguel Verdú

Maquetación por Celia Romero

COEDITUM, 2016

 

Historieta

 

Link tomado del blog: http://howtoarsenio.blogspot.com/2014/04/lefranc.html

 

 


 

 

 





El terror del Polo Sur

 


 

Volaban muy alto, buscando constantemente el buque Tío Penguino.

No lo hacían al ojo desnudo ni siquiera con anteojos, sino con un gran aparato fotográfico especial que penetraba la más densa niebla.

Había señalado la presencia del Tío Penguino al Sur de Buenos Aires, pero los informes de ese género son a menudo muy vagos.

Emplearon dieciséis horas buscando al buque con mayor ahínco de lo que buscaron nada en su vida. Hicieron centenares de las maravillosas fotografías y las estudiaron detenidamente.

Alcanzaron la barrera de hielo en el linde del continente antártico.

En el interior del camarote herméticamente cerrado y adecuadamente ventilado del dirigible, no notaron mucho cambio en la temperatura pero ésta debía ser enorme.

La barrera de hielo que formaba la orilla de las desiertas tierras del Polo Sur era inmensa, centelleante y frígida.

Vieron al buque Tío Penguino por primera vez en el mapa fotografiado de la barrera, dieron media vuelta al dirigible y usaron los anteojos.

—¡Ahí lo tenemos! —declaró finalmente Monk.

(...)

DURANTE una estación cálida y pasada, un campo de hielo consistente en algunos centenares de acres de icebergs se separó de la orilla helada del continente del Polo Sur y la fuerza de las mareas lo mantuvo alejado.

Esta entrada en el hielo presentaba la forma de una herradura de caballo de gran superficie. El agua estaba limpia de hielo, pues el verano del Polo Sur empezaba a la sazón.

El Tío Penguino estaba anclado en la bahía. El dirigible bajó hacia el buque y unos controles automáticos cuidaron de los elevadores y gobernalles, siendo únicamente necesario colocar una palanca indicadora a la altura deseada de una escala dentada para que el dirigible flotara a la misma.

Doc y sus ayudantes miraron por las ventanillas del camarote con sus anteojos. Las ventanillas tenían dos gruesos de cristal irrompible y el espacio entre ambos estaba aislado, como sucede con las paredes de una botella termos. Hacía calor en el interior del camarote.

Nada se movía en la cubierta del Tío Penguino ni en el suelo helado que lo rodeaba.

No subía humo por las chimeneas del buque.

—Se parece a un ataúd puntiagudo en ambos extremos —dijo Monk, refiriéndose al barco.

—Tienes un carácter tan alegre —le dijo Ham—, que alguien haría bien haciéndote saltar la tapa de los sesos.

Doc Savage desenchufó el piloto automático y asumió el mando. Hizo bajar el dirigible a unas cien yardas sobre el buque y lo paró. Miró con ayuda de sus poderosos anteojos.

El aspecto muerto y desolado del buque persistió.

—¡Maldición! —rezongó Monk—. ¿Dónde habrán ido todos?

Trasladaron su atención a la playa. No se veía allí más que hielo y nieve.

  

Kenneth Robeson, Doc Savage: El terror del Polo Sur

 

Libro

 

La pérdida del Antarctic

 


Nuestra suerte era fatal: el Antarctic se amarró a un gran trozo flotante de hielo y pronto empezamos a trabajar. Todos se comportaron valientemente. Ropa, bolsas, cajones, barriles, latas de todas formas y tamaños se descargaron sobre aquel trozo de hielo. Como a las 8 de la mañana estuvimos listos y nos juntamos en la cámara para despedirnos del buque.

El Antarctic va a quedar enterrado en las regiones cuyo nombre lleva. Todavía no podíamos resignarnos a comprender que efectivamente, debíamos separarnos para siempre de él.

La bandera sueca fue izada en el palo trinquete y los gallardetes en el palo mayor y mesana.

Creímos que se iba a ir de pique muy pronto, pero al contrario, bajó lentamente. El piloto fue a bordo. Habíamos cortado las amarras; así es que la corriente lo había alejado un poco del trozo de hielo. Observé que el agua había subido hasta el salón, donde las sillas y demás objetos estaban flotando.

Nos reunimos sobre el trozo de hielo esperando el fin. Era como estar sentado al lado de la muerte, y todos se sentían muy emocionados. La máquina empezó a andar más despacio, como también el guinche, porque el fuego de las calderas se había extinguido. En un momento pareció sumergirse primero la proa, pero de pronto se hundió la popa y pedazos de hielo y agua pasaron por sobre las barandas de cubierta.

En ese momento la bandera se hundió en las olas, pues el buque se fue a pique verticalmente. La mesana pegó sobre el trozo de hielo donde estábamos y se quebró. El palo mayor se partió en dos pedazos y el barril de observaciones azotó el borde de hielo y se rompió. El gallardete con el nombre de Antarctic desapareció. Todavía podía leerse en la proa, pero enseguida también se perdió de vista.

Eran las 12:45 pm. Entonces llegó lo terrible. Solos, a cientos de millas de distancia de los países civilizados, en un trozo de hielo movedizo, sin saber si al día siguiente nos hallaríamos con vida o en el fondo del mar, nuestra situación era verdaderamente desesperada, y solamente después comprendimos su magnitud.

¡Cuántas riquezas hemos perdido! Rarísimas colecciones están en el fondo del mar, fruto de muchos trabajos, que constituían nuestra alegría y nuestro orgullo. Esperábamos volver con ellas a la patria, al lado de nuestros queridos seres, que ansiosamente esperaban nuestro regreso.

Fue menester recobrar todo nuestro valor y olvidar en lo posible lo pasado.

Debíamos luchar contra todos los elementos y conservar la vida, ante todo, para probar al mundo que no es tan fácil deshacernos de nosotros.

 

Carl Scottsberg, La pérdida del Antarctic (12 de febrero de 1903)1

 

Libro

 

                                                 Hundimiento del Antarctic

 

 
El Antarctic desaparece

 


1  Texto incluído en Dos años entre los hielos 1901-1903 de José M. Sobral

Dos años entre los hielos 1901-1903

 



1903 - Año Nuevo

 

 Un año mas pasó a la historia del mundo; un año mas nada es para la humanidad pero tiene su influencia en la vida del individuo.

Dentro del mundo civilizado, se presenta rodeado de gran aparato, de mucho ruido; con algazaras y con músicas empieza su reinado; como no es conocido ¿cómo será este año? se preguntan, y en su presunta bondad, se cifran todas las esperanzas, pues en él se cree, se realizan todas las ilusiones.

Para nosotros1, no entró este Año Nuevo con esa cara de extraño y festivo con que se le ve comunmente; para mí el 1.º de este año, fue un cualquier día del calendario; no le veía ese aspecto lleno de promesas con que se revisten todos los que van a ocupar un alto y nuevo puesto.

En Setiembre, creímos nosotros, que estaríamos embarcados en el Antarctic en Noviembre, pero ese y otro mes pasaron, y el estado actual del hielo y su comparación con el de días pasados, nos dan elementos para augurar por lo menos, otros 30 días de espera.

No sentimos un gran abatimiento, pero la duda que en todos los casos mortifica, cuando continúa por mucho tiempo, concluye por transformar hasta cierto punto del caracter del individuo; lo predispone a la inactividad, pues cuando ella recae sobre un punto principal que toque mas de cerca la vida, no se sabe que resolución tomar; lleno de vacilaciones, toma el único recurso que se le presenta--esperar.

Y la espera. ¿Se conoce algo mas mortificante que la espera? ¿Se conoce algún estado del espíritu peor, que cuando no se sabe si sucederá o no alguna cosa?

He pasado por esos instantes, bien largos por cierto y pienso que son mucho peores, mucho mas terribles, de tener la certeza de que lo peor tendrá lugar.

En fin, dentro de nuestra situación estamos contentos y gozando de los días mas cálidos que ofrece la Antártida; nos hallamos en el rigor del estío y sin embargo, la temperatura se mantiene más baja que la de fusión de hielo. 

 

(...)

 

Mes de julio

 

Julio fue un mes notable desde el punto de vista meteorológico, los primeros diez y siete días fueron fríos y los restantes tuvieron una media como de 10º más caliente preominando en la segunda quincena los vientos ecuatoriales. A fuerza de golpes uno se hace incrédulo, el exceptisismo es compañero de la duda, ¡cuántos proyectos hechos por nosotros en Setiembre, Octubre y Noviembre del año anterior fueron llevados por el viento! ¡Cuantas esperanzas fueron heladas apesar de haber sido concebidas con todo el calor de nuestros corazones! Por eso al ver ese tibio Julio, con sus vientos fuertes pero calientes porque venían de la región del sol y quizás también porque sus brisas venían saturadas de las arderosas lágrimas de más de una madre, capaces de fundir el hielo del mismísimo Polo, teníamios esperanzas, sí, porque es lo último que pierde el hombre, pero sin ilusiones; ellas habían desaparecido hace tiempo y aunque pensábamos en el futuro porque en él estaba encerrada nuestra suerte, para nosotros no existía mas realidad que la del presente, nadie intentaba descifrar el enigma del venidero.

 

José María Sobral, Dos años entre los hielos 1901-1903

 

Libro



                                                                     El Antarctic

                                                                  Iceberg
 


                                                                Antes de separarnos

 

                                                                Bodman con uno de los perros frente a la casa

 

                                                Defendiendo su nido

 

                                                                  La tierra de Graham

 


                                                                   Mapa de la región polar


1  Otto Nordenskjöld, Bodman, Jonassen, Åkerlundh, Ekelöf y el propio  José María Sobral