Melodía Austral

 

Secreto Metro

El sigilo de la sigilografía (Laboratorio de Música Desconocida, 1982)

Peque Lino: sintetizadores, voz

Víctor Nubla: clarinete, voz

Cassette

 


 




Robur el conquistador

 

¡Cuán sensible era que toda aquella región se hallara sumergida en una oscuridad tan profunda! Es necesario observar, sin embargo, que aún cuando la Luna hubiese alumbrado el espacio, la parte de las observaciones hubiera sido muy reducida. En tal época del año, una inmensa cortina de nieve, un gran manto helado cubre toda la superficie polar. No se distingue ni aún ese blink de los hielos, tinta blanquecina cuya reverberación falta en los horizontes sombríos. Y en semejantes condiciones, ¿cómo poder distinguir la forma de las tierras, la extensión de los mares y la disposición de las islas? El enlace hidrográfico del país, ¿cómo reconocerlo? Su misma configuración orográfica, ¿cómo establecerla, puesto que las colinas o las montañas se confunden con los bancos de hielo?

Un poco antes de la noche, una aurora boreal iluminó las tinieblas. Con sus franjas argentadas, sus ráfagas que surcaban a través del espacio, el meteoro presentaba la forma de un gran abanico, abierto sobre una mitad del cielo. Sus últimos resplandores venían a perderse en la Cruz del Sur, cuyas cuatro estrellas brillaban en el cenit. El fenómeno fue de una magnificencia incomparable, y su claridad bastó para mostrar el aspecto de esta región, confundida en una inmensa blancura.

Ocioso es decir que sobre estas comarcas tan cercanas al polo magnético austral, la aguja de la brújula, incesantemente alterada, no podía dar ya ninguna indicación exacta relativa a la dirección que seguía la aeronave. Pero fue tal su inclinación en un momento, que el ingeniero pudo tener por cierto que pasaba sobre el polo magnético, situado casi sobre los 78° del paralelo.

Más tarde, a la una de la madrugada, calculando el ángulo que formaba esta aguja con la vertical, exclamó:

- ¡El Polo austral está bajo nuestros pies!

Una masa blanca apareció, pero sin dejar ver nada de lo que se escondía debajo de los hielos.

La aurora boreal se extinguió poco a poco, y este punto ideal, en donde

vienen a cruzarse todos los meridianos del Globo, no pudo ser contemplado.

Ciertamente, si Uncle y Phil hubieran querido sepultar en la más misteriosa de las soledades al aparato y a los que llevaba a través del espacio, la ocasión no podía ser más propicia. Si no lo hicieron, fue porque les faltaba el ingenio preciso para ello.

No obstante, el huracán continuaba desencadenándose con tal rapidez, que si el Albatros hubiese encontrado alguna montaña en su camino, se habría estrellado como un buque que se arrima a la costa.

En efecto, no sólo no podía ya dirigirse horizontalmente, sino que ni aún era dueño de su vuelo en la altura.

Sin embargo, algunas cimas aparecían sobre las tierras antárticas. A cada instante hubiera sido posible un choque que habría ocasionado la destrucción del aparato.

Esta catástrofe fue todavía más de temer, cuanto que el viento se inclinó hacia el Este, pasando el meridiano cero.

Dos puntos luminosos aparecieron entonces a unos cien kilómetros delante del Albatros. Eran los dos volcanes que forman parte del vasto sistema de los montes Ross: el Erebus y el Terror.

El Albatros, ¿iba a quemarse en sus llamas como una mariposa gigantesca?

                                                Jules Verne, Robur el conquistador

                                                 Libro

 



 

 

Amundsen

 


Amundsen (Noruega, 2019)

Película dirigida por Espen Sandberg

Guión: Ravn Lanesskog

Música: Johan Söderqvist

Fotografía: Pål Ulvik Rokseth

Reparto: Katherine Waterson, Pal Sverre Hagen, Christian Rubeck...

Película biográfica sobre Roald Amundsen, quien dirigió la primera expedición que logró llegar al Polo Sur con la ayuda de trineos jalados por perros (14 de diciembre de 1914). También dirigió la primera expedición que alcanzó el Polo Norte en un dirigible (11 de mayo de 1926).

El filme evita a toda costa convertirse en una épica de la expedición polar (algo que es muy común verlo en películas sobre Scott o sobre Shackleton). Se trata más bien de hacer un retrato íntimo y psicológico (demasiado sobrio tal vez), de Amundsen a través del diálogo entre Bess Magids (su amante) y Leo (su hermano), justo cuando nuestro héroe se encuentra desaparecido en el Ártico en una misión para rescatar a Humberto Nobile.

Siendo así, los detalles y pormenores de cada viaje de Amundsen a las regiones polares quedan relegados, lo que provoca que el hilo conductor de la narración resulte esquivo, sobre todo para el público que no tiene presente los detalles de la exploración polar a principios del siglo XX, y tampoco la lectura previa de Polo Sur o de Mi vida como explorador.

La película, a mi parecer, cuenta con grandes detalles. Como aquella escena en donde aparece el libro Las aventuras del Capitán Hatteras sobre el escritorio de Amundsen; la aparición de personajes como Fridtjof Nansen, Oscar Wisting, Bess Magids; la impresionante imagen del dirigible Norge sobre el Polo Norte; y la arenga de Amundsen en contra de los exploradores polares ingleses:

“Por mi experiencia, te puedo decir que los ingleses, en general, son una raza de malos perdedores (…) Si tuviera un deseo, ¿sabes cuál sería? Que Scott hubiera vuelto con vida. Así hubiera sido el segundo, el perdedor. En cambio lo hicieron un mártir, y a mí, el villano que le ganó. Y no soy un villano. He vivido la vida siguiendo los principios más estrictos del honor. Planifiqué tan bien lo del Polo Sur que se vio fácil, y fue una estupidez.”

Película